Moria en Netflix: cómo la serie convierte a Moria Casán en titiritera de su propia historia

La serie de Netflix recorre ocho décadas de la vida de Moria Casán con Sofía Gala Castiglione, Griselda Siciliani y Cecilia Roth.

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Moria en Netflix: cómo la serie convierte a Moria Casán en titiritera de su propia historia
Moria Casán interviene su propia biografía en Moria, la serie de Netflix que recorre ocho décadas de su vida a través de tres actrices y una puesta que mezcla realidad y fantasía.

Moria podría haber sido una biopic bastante convencional. Una estrella enorme, ocho décadas de vida, amores, escándalos, televisión, teatro, cine y tres actrices encargadas de reconstruir diferentes momentos de su historia. Pero la serie de Netflix entiende bastante rápido que contar cronológicamente la vida de Moria Casán no alcanza para contar a Moria Casán.

No como una entrevistada que recuerda el pasado desde un sillón ni como una voz en off pegada encima de imágenes de archivo. Moria está en una especie de Buenos Aires convertida en maqueta, caminando entre edificios, dominando el paisaje y metiéndose literalmente dentro de su propia historia.

Netflix define a Moria como la “titiritera de su propia historia” y no es solamente una frase de promoción. El creador, guionista y director Javier Van de Couter explicó que las maquetas y esa ciudad simbólica fueron pensadas justamente para colocar a Casán en esa posición: pasado, presente y futuro quedan bajo la mirada de una mujer que lleva décadas construyendo su propio personaje público.

Tres actrices hacen de Moria, pero Moria nunca desaparece

La serie tiene ocho episodios y reparte diferentes etapas de su vida entre Sofía Gala Castiglione, Griselda Siciliani y Cecilia Roth.

La primera reconstruye los comienzos de Ana María Casanova y su transformación en Moria Casán. Después llegan la popularidad, el teatro de revistas, la televisión, sus relaciones personales y una vida pública que en algún momento parece imposible separar de la privada.

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El mecanismo podría haberse quedado ahí: tres grandes actrices imitando gestos, voz y movimientos de una personalidad reconocible al instante.

La verdadera protagonista observa, comenta y prácticamente reorganiza sus recuerdos. Cuando aparece sobre esa Buenos Aires artificial, la serie deja claro que no pretende reconstruir una verdad objetiva sobre Casán sino entrar en la manera en la que ella misma convirtió su vida en relato.

Eso también explica el tono. Hay realismo, pero también fantasía, escenas oníricas y momentos donde la puesta se acerca más al espectáculo teatral que a la reconstrucción histórica.

El problema aparece cuando Moria también controla las zonas oscuras

Si la protagonista es la dueña consciente de su propio relato, aparece una pregunta inevitable: ¿hasta dónde puede cuestionarla realmente la serie?

Moria muestra conflictos. La relación con su hija Sofía ocupa una parte importante de la historia y Netflix incluso presenta uno de los últimos episodios alrededor de la distancia que se abre entre ambas. También aparecen relaciones sentimentales turbulentas, exposición mediática y episodios controvertidos de su vida pública.

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Hay momentos en los que la serie señala un comportamiento dañino y, casi inmediatamente, encuentra una explicación dentro del propio universo emocional de Moria. No necesariamente la absuelve, aunque por momentos comprender al personaje y justificarlo quedan demasiado cerca.

Porque Moria no está construida desde afuera. La voz de Casán no aparece solamente como material de investigación: está metida dentro de la narración. Van de Couter contó que las frases y la mirada de Moria sirvieron como una suerte de faro para decidir qué contar y cómo hacerlo.

Por eso sería impreciso definirla simplemente como “guionista” de la serie: el guion y la dirección están encabezados por Javier Van de Couter, aunque Casán participa de manera evidente en la construcción de la ficción y aparece como narradora de su propio recorrido.

Susana, Porcel y Olmedo aparecen dentro de la construcción del mito

Alrededor de Moria también se reconstruye una parte enorme de la cultura popular argentina.

Micaela Riera interpreta a Susana Giménez en los años 80, mientras que Leticia Brédice encarna una etapa posterior de la conductora. Hernán Jiménez aparece como Jorge Porcel y Sebastián Rosso como Alberto Olmedo.

Funcionan como marcas de una época en la que la televisión, el teatro de revistas y el cine popular construían estrellas con un nivel de exposición que hoy cuesta reproducir.

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Y la relación entre Moria y Susana resulta especialmente interesante porque la serie corre el eje de la rivalidad fácil. La rubia y la morocha podían ser presentadas públicamente como dos polos enfrentados, pero la ficción encuentra también complicidad y una diferencia mucho más reveladora en la forma de imaginar el éxito.

Moria entiende que su protagonista pertenece a una generación en la que ser famosa no era una consecuencia de hacer otra cosa: ser una estrella podía convertirse en la obra completa.

La mejor decisión de Moria es dejar de comportarse como una biopic

La serie se estrenó mundialmente en Netflix el 14 de agosto de 2026, dos días antes de que Casán cumpliera 80 años. Ocho días después, Moria ocupa el primer puesto entre las series más vistas de Netflix en Argentina.

Pero su mayor virtud no está en el tamaño del fenómeno sino en haber encontrado una forma visual para representar algo bastante difícil de escribir. Moria Casán pasó décadas inventando a Moria Casán.

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La mujer, el personaje, la celebridad y la narradora terminaron mezclándose hasta que buscar una frontera precisa entre ellas se volvió casi inútil.

Por eso esa imagen aparentemente delirante de una Moria gigante caminando alrededor de una Buenos Aires en miniatura termina explicando mejor la serie que cualquier cartel con una fecha. Moria no entra en su biopic. Se para arriba de ella.

[ Fuentes consultadas ]

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