En 1941, Walt Disney ya era uno de los nombres más importantes del cine. Había estrenado Blancanieves y los siete enanitos, Pinocho y Fantasía, mientras Mickey Mouse y el Pato Donald recorrían las pantallas de buena parte del mundo. Pero detrás de ese éxito, su estudio atravesaba problemas económicos, una fuerte huelga de animadores y la pérdida del mercado europeo por la Segunda Guerra Mundial. Fue entonces cuando recibió una propuesta que no se parecía a ninguna película: el gobierno de Franklin D. Roosevelt quería enviarlo a América Latina.
La iniciativa surgió de la oficina dirigida por Nelson Rockefeller, coordinador de Asuntos Interamericanos. La preocupación de Washington era concreta: Estados Unidos todavía no había entrado formalmente en la guerra y temía que la influencia política y cultural de la Alemania nazi creciera en países como Brasil, Chile y Argentina.
No fue una operación de espionaje, aunque su objetivo excedía ampliamente el turismo. Disney debía funcionar como una de las caras más amables de Estados Unidos en una batalla que también se libraba mediante películas, música, radio, diarios y personajes populares.

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La Política del Buen Vecino y el verdadero objetivo del viaje
La gira formó parte de la llamada Política del Buen Vecino, impulsada por Roosevelt desde 1933 para mejorar las relaciones políticas y comerciales con América Latina. Con el avance de la guerra, esa política sumó otro objetivo: fortalecer la unidad continental y contrarrestar la propaganda de los países del Eje.
Disney no quería limitarse a dar discursos, estrechar manos y posar para las cámaras. Aceptó viajar con la condición de llevar artistas, dibujantes, músicos y guionistas para convertir la gira diplomática en una verdadera expedición creativa.
El equipo, integrado por unos 15 colaboradores y conocido después como “El Grupo”, salió de Estados Unidos en agosto de 1941. La expedición registró paisajes, canciones, bailes, animales y costumbres de distintos puntos de América Latina. Mientras Disney pasó por destinos como Brasil, Argentina y Chile, algunos de sus artistas se separaron para investigar en otros países. En total, el recorrido reunió material de nueve naciones latinoamericanas.
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Walt Disney en Argentina: asado, folklore y una visita inesperada
Cuando Walt Disney llegó a la Argentina, fue recibido como una estrella. Participó de actos oficiales, encuentros sociales y exhibiciones de danzas tradicionales. También conoció de cerca aquello que sus películas todavía representaban desde una mirada lejana: la vida en la pampa y la figura del gaucho.
Una de las jornadas más recordadas ocurrió en el rancho Los Estribos, en Moreno, propiedad del pintor Florencio Molina Campos y su esposa, María Elvira Ponce Aguirre. Allí, Disney comió asado, tomó mate, escuchó música criolla y se animó a seguir algunos pasos de baile.
Disney quería conocer personalmente a Molina Campos, famoso por sus almanaques de Alpargatas y por una manera única de retratar a los gauchos, los caballos y la vida rural. Sin embargo, el encuentro que tantas veces se contó como ocurrido durante aquella visita argentina no sucedió de esa forma: Molina Campos se encontraba en Estados Unidos cuando Disney llegó al rancho. Quien recibió a la comitiva fue su esposa.

La ausencia no terminó con el interés. Disney lo invitó a trabajar como asesor en Hollywood y, al año siguiente, ambos finalmente se encontraron en los estudios de Burbank.
Molina Campos debía ayudar a que la representación del gaucho fuera más precisa, pero la colaboración terminó chocando con las licencias que los animadores estadounidenses ya habían tomado. El artista argentino consideraba que se mezclaban elementos pampeanos con vestimentas mexicanas y rasgos propios de los cowboys. Parte del segmento ya estaba avanzada y sus observaciones no siempre fueron incorporadas.
El resultado puede verse en “El Gaucho Goofy”, donde el personaje abandona por un momento su vida de cowboy estadounidense para aprender a convertirse en gaucho en las pampas argentinas.
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El día que Disney entró caminando con las manos
La gira por la Argentina también dejó una escena que parece salida de uno de sus dibujos animados. Durante una visita a Mendoza, Disney debía presentarse ante un auditorio lleno de estudiantes. Su español era limitado y rápidamente agotó las palabras que había preparado. Entonces eligió una solución mucho más efectiva: apareció caminando con las manos, se puso de pie frente a los chicos y los saludó con un “Hola, chicos”.
La anécdota fue recordada por integrantes del viaje y por testigos entrevistados décadas después para el documental Walt & El Grupo. No hacía falta traducir nada. Disney sabía que una buena entrada podía contar más que un discurso entero.
De Brasil a la Argentina: los personajes que nacieron de la gira
La primera gran consecuencia cinematográfica del viaje fue Saludos Amigos. La película combinó imágenes reales de Disney y sus artistas en América del Sur con cuatro segmentos animados: “Lago Titicaca”, “Pedro”, “El Gaucho Goofy” y “Aquarela do Brasil”.
También presentó a José Carioca, el loro brasileño que le enseñaba al Pato Donald a bailar samba y que luego se convertiría en uno de los personajes más recordados de aquella etapa. La película tuvo su estreno mundial en Río de Janeiro el 24 de agosto de 1942 y llegó a los cines estadounidenses en febrero de 1943.

El segundo proyecto fue Los tres caballeros, una propuesta todavía más ambiciosa que mezcló animación, música e intérpretes reales. Allí, Donald y José Carioca formaron un trío con Panchito, un gallo charro mexicano. Su estreno mundial se realizó en Ciudad de México en diciembre de 1944.
Las dos películas fueron productos de entretenimiento, pero también documentos de una época en la que Hollywood se había convertido en una herramienta fundamental de la política exterior estadounidense.
¿La misión de Disney cambió el rumbo de la guerra?
Sería exagerado asegurar que una película o la visita de Walt Disney consiguió que los gobiernos latinoamericanos tomaran partido. La diplomacia cultural ayudó a construir vínculos, pero las decisiones militares respondieron a conflictos y negociaciones mucho más complejas.
Brasil declaró la guerra a Alemania e Italia en agosto de 1942. Argentina, en cambio, mantuvo su neutralidad durante casi todo el conflicto y recién declaró el estado de guerra contra Alemania y Japón el 27 de marzo de 1945.
El resultado más visible de la gira no estuvo en un tratado diplomático, sino en la pantalla. Disney regresó con personajes, canciones, imágenes y cientos de bocetos que modificaron el rumbo de su estudio durante los años siguientes.
La leyenda argentina detrás de Disneyland
El viaje también quedó unido a uno de los mitos más persistentes de la cultura popular argentina: la versión que asegura que Walt Disney se inspiró en la República de los Niños, ubicada en Gonnet, para construir Disneyland.
La República de los Niños abrió en 1951 y Disneyland fue inaugurado en California en 1955. La cercanía entre ambas fechas y algunas similitudes arquitectónicas alimentaron la historia durante décadas. Sin embargo, no existe documentación concluyente que demuestre que Disney visitó el parque argentino o que lo tomó como modelo directo.
Es una leyenda irresistible, pero no alcanza con que las fechas encajen para convertirla en un hecho.
Lo que sí está documentado es que la Argentina dejó una marca visible en la filmografía de Disney. El creador de Mickey Mouse llegó como embajador cultural, conoció la pampa, quiso trabajar con Molina Campos y regresó a Hollywood con una versión animada del gaucho. La misión era diplomática. El recuerdo terminó siendo cinematográfico.

