The Invite transcurre prácticamente durante una sola noche, entre cuatro personas y dentro de un departamento. Pero la película dirigida por Olivia Wilde no solamente convirtió esa limitación en parte de su puesta en escena: también la utilizó para filmar de una manera que hoy resulta bastante poco habitual.
La producción se completó en 23 días. Fueron 21 jornadas dentro del set principal y otras dos en locaciones de San Francisco para las imágenes exteriores del comienzo. Además, Wilde rodó la historia en orden cronológico y en película de 35 mm.
No fue una excentricidad de último momento. Todo el sistema de producción de The Invite estuvo diseñado para que los actores pudieran llegar al final de la película arrastrando, escena por escena, lo que había ocurrido antes.
De qué se trata The Invite
Dirigida por Olivia Wilde y escrita por Rashida Jones y Will McCormack, The Invite está basada en Sentimental —también conocida internacionalmente como The People Upstairs—, la película española de Cesc Gay que a su vez nació de una obra teatral.
La historia sigue a Joe y Angela, interpretados por Seth Rogen y Olivia Wilde, un matrimonio que atraviesa una crisis. Una noche reciben en su casa a sus vecinos de arriba, Piña y Hawk, interpretados por Penélope Cruz y Edward Norton. Lo que empieza como una cena termina obligando a las dos parejas a hablar de sexo, deseo, frustraciones y de todo aquello que una relación puede aprender a esconder con los años.
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Olivia Wilde encerró al elenco durante dos semanas antes de filmar
Antes de prender una cámara, Wilde reunió durante dos semanas a Rogen, Cruz, Norton, Jones y McCormack para trabajar el guion alrededor de una mesa.
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Los actores empezaron a discutir qué entendía cada uno por un buen matrimonio, qué podía destruir una pareja y qué diferenciaba una dinámica sexual saludable de una que no lo era. Rogen recordó que el proceso “se volvió muy personal muy rápido” y que muchas de esas conversaciones privadas terminaron encontrando alguna forma de entrar en la película.
Wilde describió esas jornadas como un proceso de confesión colectiva. El texto siguió modificándose mientras los actores encontraban a sus personajes y la improvisación continuó incluso durante el rodaje.

Ahí está una de las claves de The Invite: la improvisación no apareció por falta de preparación, sino después de prepararse durante semanas. Todos sabían qué debía conseguir cada escena, aunque las palabras o algunos comportamientos pudieran cambiar sobre la marcha.
Por qué The Invite se filmó en orden cronológico
Rodar una película siguiendo el orden del guion suele ser un lujo. Normalmente las escenas se agrupan por locaciones, disponibilidad de actores, vestuario o necesidades técnicas. Una secuencia del final puede rodarse antes que una del comienzo simplemente porque resulta más barato y práctico hacerlo así. The Invite podía romper esa regla porque casi toda su historia ocurría en el mismo lugar.
Wilde aprovechó esa posibilidad y avanzó de manera secuencial. La escena en la que Joe, el personaje de Seth Rogen, entra al departamento fue rodada en el primer día de trabajo del actor. Desde ahí, el elenco pudo acumular el cansancio, las discusiones y las revelaciones en el mismo orden en que las atraviesan sus personajes.
Olivia Wilde pagó el 35 mm de su propio bolsillo
Había otra condición que Wilde no quería negociar: quería filmar en 35 mm.
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La directora trabajó con el director de fotografía Adam Newport-Berra, responsable también de trabajos como The Last Black Man in San Francisco, y sostuvo que la textura fotoquímica era fundamental para conseguir la imagen que buscaban.
Cuando ese gasto quedó en discusión, Wilde contó que pagó ella misma el material de película para asegurarse de que The Invite no terminara rodada en digital. “Existe esta idea de que las comedias no necesitan película, y no es verdad”, explicó.

El 35 mm también impuso otra disciplina. No había una capacidad prácticamente ilimitada para dejar las cámaras grabando mientras los actores probaban variantes. Cada toma costaba película.
En una producción que al mismo tiempo quería dejar espacio para la improvisación, esa contradicción terminó funcionando a favor: libertad para los actores, pero concentración cuando la cámara empezaba a correr.
El departamento también fue construido para contar la historia
Aunque The Invite sucede en San Francisco, la mayor parte del interior fue filmada en un set.
La diseñadora de producción Jade Healy recibió originalmente un guion que imaginaba la casa como un espacio abierto, casi sin lugares donde esconderse. Wilde y Healy hicieron lo contrario.
Crearon pasillos, habitaciones, rincones, ventanas, espejos y divisiones que permitían separar a las parejas y encerrar personajes dentro del mismo departamento. La cámara podía encontrar cuadros dentro de otros cuadros y convertir la arquitectura en una extensión del matrimonio de Joe y Angela.

Por eso la locación única nunca funciona simplemente como una forma de ahorrar dinero. Es la máquina que hace funcionar la película.
El final de The Invite todavía no estaba resuelto una semana antes de filmarlo
A partir de acá hay spoilers sobre el final de The Invite.
El experimento de filmar cronológicamente tuvo su consecuencia más clara cuando llegó el momento de cerrar la historia.
Wilde contó que una semana antes de rodar el final todavía no sabían exactamente cómo iba a terminar la película. Ella y Seth Rogen siguieron trabajando esa resolución hasta último momento. Había distintas posibilidades y el cierre terminó alejándose considerablemente de la versión que figuraba en el guion.
El rodaje previo les había dado una información que no podían tener antes: ya sabían exactamente quiénes eran Joe y Angela después de atravesar aquella cena.
Incluso Wilde y Rogen terminaron con lecturas diferentes sobre la última escena. Para ella, la pareja se separa pero finalmente puede volver a verse de otra manera. Rogen, en cambio, defendía la idea de que esos dos personajes permanecían juntos. Esa diferencia fue incorporada a la película en lugar de ser resuelta.
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